jueves, 27 de marzo de 2014

Otro rollo.

Rompamos esquemas, no sigamos normas.
¡Escribamos con exclamaciones, sin miedo a nada!
O QUIZÁS EN MAYÚSCULA PARA QUE NOS LEAN DE UNA MALDITA VEZ.
Puede que nos tachen de locos.
¿Pero qué más da?
No pensemos en límites, escribamos en cursiva.
Destaquemos entre todos los demás.
Hagámonos oír entre tanta gente.
Porque no nos van a hundir.
Somos los elegidos.
Abramos los ojos a la gente.
Que vean que nos podemos divertir sin miedo a lo que piense la gente.
Venga, venid, ¡HAGAMOS LOCURAS!

It's easy.


Qué fácil sonreír
cuando todo te sonríe,
qué fácil decir que
tu vida es perfecta,
qué fácil. 

Qué fácil decir
que bien te van las cosas,
y que todos lo crean
(aunque rota estés por dentro).

domingo, 23 de marzo de 2014

Dreams.


A veces creo que sueño demasiado, pero es mi única alternativa a la realidad. Me imagino sentada en cualquier terraza con una taza de café entre las manos, escuchando la música que más me gusta. Tranquila, feliz, como un bebé al que acaban de amamantar con aquello que él más ansia. Sueño con un armario lleno de camisas a cuadros, Converse de todos los colores y miles de pantalones cortos. Me gusta pensar que algún día estos sueños puede que se cumplan. Sé que aún faltan muchas cicatrices antes de ello, e igual no lo consigo nunca, pero que no se diga que no he luchado. Que no se diga que me rendí. A pesar de las cicatrices que el camino hasta esos sueños me supondrá, sé que va a merecer la pena.

Estaría bien conseguir todo aquello con lo que sueño, ¿verdad?

sábado, 22 de marzo de 2014

Demasiado pensamiento suelto.

                 Y es que sólo le salvaría una de sus caricias.

Los pensamientos iban fluyendo por su mente, cual pájaro en el cielo. Estaba presente, pero no parecía estarlo (o quizá no lo estaba). Miraba el techo de la habitación.
"Pienso demasiado", se decía.
Y así, inundada por sí misma, acabó en lágrimas. No se podía creer que eso volviese a pasar. No, otra vez no. Y es que sólo le serviría una de tus caricias para desarmar este desastre y volver a sonreír. Porque es él. Siempre él. Pero no está, y maldita distancia que no permitía esas caricias. Ni cualquier susurro que le hiciese sentir como un barco surcando entre las más cristalinas y tranquilas aguas.