domingo, 28 de septiembre de 2014

Aquella niña inocente.

Me planté frente al yo de hace 8 años e inocentemente me planteó preguntas que seguían sin estar resueltas. “Necesitaremos algún tiempo más", le dije.
Me preguntó sobre el amor, le respondí que había aprendido bastante, e incluso más de lo que me hubiese gustado.
Le aconsejé olvidarse de lo malo y echar adelante con lo bueno. “Si ni si quiera tú mismo lo haces", me contestó. Qué razón tenía y cómo me dolió escucharlo. Habló y habló sobre sus problemas; “ya tendrás más", puntualicé yo. Aquella niña, pequeña aunque con más cabeza que yo, me había hecho darme cuenta de lo mucho que me preocupaba de los problemas y lo poco que hacía por vivir de verdad. ¿Había dado un paso atrás? ¿Era esa mini-yo más lista? Mantuve conversaciones de horas y horas, sólo para ganarme su confianza y preguntarle “¿Cómo lo haces?". “¿El qué?", respondió ella. “Encontrar siempre algo que te haga seguir adelante, porque a mí se me agotan los motivos". “Piensa en ti", finalizó. Después de esa frase no quedó más que mi cuerpo y mente en un inmenso vacío en el que yo sola bailaba. Aquella niña, aquella yo de hace ocho años se había esfumado y sólo me había dejado esa lección.

viernes, 26 de septiembre de 2014

Past doesn't change.

Ya no sé cómo hacer, no sé controlarlo; sigues siendo mi debilidad. Y fíjate, la primera vez que tus ojos chocaron con los míos mi corazón no latía tan fuerte como cuando ahora me rozas la cara con tu sonrisa (esa, esa que tan perdida me tiene). Pierdo la cordura y encuentro tu mirada como la más brillante. Hemos llegado hasta aquí sin nadie sabe cómo (o a lo mejor sí, pero es más bonito expresarlo así).

Guerra perdida.

“No podía ser. Otra vez no. ¡No!"
Y su sonrisa ganó la batalla.

lunes, 7 de julio de 2014

Qué tranquilidad.

Qué bonita te queda esa sonrisa, alumbrándote los ojos apagados, llenos de recuerdos desordenados. Y la risa, tan alta y fuerte cual añejos robles plantados hace no sé cuántos años. ¿Y tus cosquillas? Esas, esas sí que son imparables al verme reír como una loca con ansias de felicidad. Pero prefiero el beso de después de enredarnos entre tanta risa. Y es que el aire se inunda de cariño con tan sólo unas caricias por allí, otras por aquí y ah, también las demás por llegar. Qué bien se siente entre tus brazos; como si nada pudiese con nosotros. Hasta parece que los problemas se transforman de negro a blanquecino sólo con tan simple acción.
No sé, no te vayas. Hazlo por ti, por mí, por esos instantes en los que todo va bien estando juntos (que suelen abundar).