jueves, 4 de diciembre de 2014

Cientos de noches.


Se pasó las noches en vela, con la luna reflejada en sus ojos. No podía parar de mirarla: era inmensamente bonita y circular. E incluso a veces parecía una percha donde dejar colgados los recuerdos e irse corriendo. La primera sensación al mirarla cada noche siempre era la misma. Un escalofrío.
De cierto modo también se identificaba con ella: estaba tan lejos del mundo y a la vez tan cerca que a veces (más concretamente por el día) se perdía.
Y eran cientos de noches bajo la luna, en la ventana, con la mente hecha un lío entre tanto alboroto que deslumbraba dejando huella. Con tanto silencio numerosas veces le daba por tararear sinfonías de Bach o recitar poemas de Bécquer que le hicieran olvidarse incluso de que existía.
Pero acabó el verano. Él volvió. Ella cambió esas cientos de noches de luna por cientos de noches de almohadas húmedas por las lágrimas.

jueves, 13 de noviembre de 2014

Momentos de soledad acompañada.


Es bonito estar sola por la calle, con canciones tristes en los auriculares y una luna de fondo. De verdad que es bonito. 

La soledad puede ser hermosa si se usa de forma adecuada. 

Es genial poder tumbarse en la hierba con un tu cuaderno favorito, un bolígrafo y unas vistas increíbles. O coger la cámara y recorrerse la ciudad en busca de rincones aún no fotografiados.

Está bien de vez en cuando eso de sentarse en un banco a ver cómo la gente pasa delante de ti, cada uno con una historia que contar y caras diferentes. De verdad que es muy interesante. 


domingo, 2 de noviembre de 2014

Sunday.


¿Qué tendrán los domingos que a cualquiera vienen abajo?
Sobre todo esos de lluvia y cielos cubiertos de grises nubes, flotando y corriéndolo todo de un lado a otro. Y hablemos de la melancolía que te invade el cuerpo y ese sentimiento de que algo estás haciendo mal. Quizás nos faltan propósitos cumplidos, ganas de luchar o qué sé yo. Conozco demasiado bien de lo que hablo y es que cada domingo hay algo que me dice que no lo intento lo suficiente. Maldito último día de la semana que nos grita en finos susurros que al día siguiente vuelven las clases, la rutina, el trabajo. Está claro, los domingos no son un buen día.

sábado, 1 de noviembre de 2014

No te vayas.


No te vayas,
quédate conmigo.
Sonríeme, abrázame,
hazme reír.

Hazme olvidar el mundo,
los problemas, lo demás;
hazme sentir libre
como un alma vagabunda
que por calles solitarias se pierde.

No me sueltes,
aprieta fuerte,
no se nos cuele el aire.

Preciosa la sonrisa
que alumbrando cielos grises
ilumina también nuestro rostro.

Hazme bonita
con sólo mirarme.
Haznos uno sólo,
amistad.
Haznos dos personas,
dependientes e independientes
a la misma vez.

No te vayas,
te necesito.
Y si te vas
y mi alma queda en pena,
recuerda que
un pedazo de corazón
te lo llevas contigo.




Dedicado a todas las personas que han pasado esta semana conmigo en Granadilla y que me han ofrecido su cariño, haciéndome y haciendo todo especial. Muchísimas gracias, de verdad. Personas como vosotras quedan pocas.